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26 de Febrero de 2017

Abel Pintos

¿Por qué Abel Pintos no es una estrella internacionalmente reconocida?

25 de Octubre de 2016 | 19:56 hs.

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  • Abel PintosAbel Pintos

Medité muchísimo antes de escribir esto. Una, porque seguramente, a muy poca gente le puede interesar  el tema en cuestión. Y otra, porque no va a faltar quien diga: ¿Este por quién viene? Pero, a pesar de lo que puede provocar mi casi desbocada necesidad de expresarme, aquí estoy por una cuestión de irrestricto respeto a la realidad.

¿Por qué Abel Pintos no es una estrella internacionalmente reconocida? Muchas o muchos, quizá, no lleguen a entender inmediatamente la pregunta a rajatablas. Pero, antes que nada, quiero sincerar totalmente la expresión. A simple vista, es lo que leen, pero va mucho más allá. Es el inevitable título de esta  nota reflexión.

Sería redundante y aburrido recorrer el historial de este muchacho, todavía, que por esfuerzo propio, convicción, amor por la música y, por esas cosas necesarias que Dios nos pone en el camino de vida, alcanzó la dimensión que todo entendido en la materia o circunstancial por elección reconoce con una coincidencia apabullante. Y, más allá de los gustos personales o diferencias de criterios, propia y natural de la humanidad, en Argentina nadie puede dejar de  rendirse ante la evidencia irrefutable: "Es el cantante popular de mayor aceptación y convocatoria". Y por lejos. Algunos pueden salir a rebatirme con algunos ejemplos puntuales. Pero no vale la pena, ni se molesten. Estoy en condiciones de discutir con total convencimiento y elementos probatorios que, nada logra superar lo que produce este jovencito de tan sólo una treintena de años. Pero eso será tarea para más adelante.

Todavía no recuerdo, de 50 años a esta parte, que un cantante nacional produjera tal enamoramiento en la gente. Y aquí sí, es prudente y poner  en relieve: el tiempo, los hábitos sociales, los medios de comunicación, la tecnología, o sea, toda la transformación logística de la globalización que impactó, inevitablemente, en la forma de vivir y expresar los cauces irreverentes que nos llegan y provocan. Creo haber hablado, muy  al pasar, en una nota anterior sobre este fenómeno, pero es oportuno dejarlo establecido para que cada uno saque sus propias conclusiones.  El negocio del espectáculo nacional, para hablarlo con la crudeza pertinente, casi jamás, para no ser injustificablemente injusto, ha logrado proyectar los productos autóctonos al mercado internacional. Salvo Carlos Gardel, que utilizó otra metodología, más las circunstancias que colaboraron a su instalación en Europa y en el mercado cinematográfico de EE. UU, no hubo otros artistas que fueran un impacto de reclamo popular en los demás continentes. Algunos mencionarán con voz de reclamo, Mercedes Sosa. Pero, ni siquiera su gran talento logró consagrarla como gran estrella en el mundo, lo que hubiera sido justicia. Y aquí llega una repregunta inevitable: ¿Por qué? ¿Lo que producimos no se adecua al consumo de los grandes mercados? ¿No somos capaces de transmitir la seducción que tanto nos cautiva a nosotros cuando nos entregan ofertas foráneas? ¿No cumplimos con los requerimientos de presentación y calidad exigidas? ¿No somos capaces de reproducir afuera lo que, puertas adentro, entregamos con excelencia?  Nada de eso. Si hay algo que destaca al artista argentino, además de su talento generoso, es su adaptación, como nadie, a las circunstancias que le toque vivir en pos de entregar su mensaje. Una gimnasia que muy pocos pueden arrogarse en la práctica. ¿Y entonces? E aquí el teorema que el empresario artístico, por lo menos en lo musical, debe resolver para dejar de ser un mero participante del aceitado mercado interno y pasar a proyectarse al objetivo mayor: El Mundo.

El renombrado avance tecnológico ha conseguido, desde hace años, casi,  hacer desaparecer a las compañías discográficas, por ejemplo. Muchas de las grandes existentes, desaparecieron. Y las que sobrevivieron, no tuvieron otra opción que reconvertirse en  multimedias . Tener carteras de representación de artistas propios (En Argentina, varios están en esa condición). Hasta tuvieron que incorporarse al rubro de actividades insospechadas,  por la naturaleza de su creación, para sobrevivir.   No se venden discos, sólo es un privilegio para amantes del testimonio  físico y coleccionistas. Ahora, todo está en la web y al alcance de todos. Ya nada es un misterio. Todo se conoce al instante, aún, antes de que el interesado decida contárselo a alguien. Y muchos de ustedes saben de qué estoy hablando.  Bien. Con este contexto puesto en vidriera, una vez más, seré un audaz irrespetuoso al fijar mi posición al respecto. Quienes manejan la vida empresarial de un cantante o grupo, por lo menos en Argentina, siempre han sido cómodos beneficiarios de los réditos que les suele dejar el éxito del producto. Jamás han planificado, con responsabilidad y objetivos claros, futuros de crecimiento que lleven a la "joya" a ser parte del consumo masivo del mundo. Para lograr esto hay que estar convencido y dispuesto a poner, lo posible e imposible, para alcanzar la meta. Este esfuerzo no precisa de metáforas, sino de un propósito a cumplir a rajatablas. Y no dilapidar acciones en mezquindades que, a primera vista son onerosas y satisfactorias, pero que una vez que quedan en evidencia, no son más que despreciables maniobras que hieren y ultrajan la confianza de quienes disfrutan por la creación de un artista, que en definitiva, es el amante más auténtico de la obra. Y paso a contar.

Cuantas veces, ustedes, han  mordido y sufrido ansiedades insoportables, quizá haciendo esfuerzos que jamás revelarán,  para conseguir localidades (con buena ubicación) y de pronto se dieron de cara con la decepción de la mentira. Esos lugares que deben ser suyos, nunca lo serán, por lo menos al precio revelado, para luego ser ofrecidos impunemente, impiadosamente, hasta tres veces más de su valor original, por empresas fantasmas que jamás conocerán, pero que, en la realidad, forman parte del mismo entramado del negocio presentado. Esta, por ejemplo, es una de las ocupaciones, corruptas por dónde se la analice, en las que pone la mira la estrategia empresarial nativa, para engrosar la rentabilidad de ocasión. En todo esto, el artista, bien gracias. Y ni qué hablar de las otras cuestiones intrincadas de las que, en algún momento, nos ocuparemos con debido tiempo.

Abel Federico Pintos, tiene 20 años de carrera ofrecidos. Debe ser, uno de los pocos, sin entrar en detalles, que tiene la mayoría de su repertorio compuesto por temas propios. Gran parte de ellos, éxitos. De esos que gustan a la gente, que los cantan con fervor, y que pasaron a formar parte de sus vidas. El muchacho de Bahía, además, tiene el  "placet popular" de entregar con la misma naturalidad el género que se le ocurra, sin desvalorizar para nada el entusiasmo de aceptación. Y esa, es una "gratificación" o privilegio de grandes. Con su tenacidad a cuestas, exhibiéndola orgulloso y feliz, fue conquistando el amor incondicional. Ese que sólo se muestra cuando el sentimiento se arroba en la nobleza increíble del corazón rendido a la inexplicable felicidad. Quienes forman parte, desde hace tiempo, de sus caminos de corcheas y los más recientes incorporados, saben y lo declaran que, no hay decisión tomada que les brinde tanto gozo a vivir. Y cuando eso ocurre con un artista y el transcurrir del tiempo sustenta sin duda ni paréntesis posible, ese permanente estado de dulce embrujo., no habrá posibilidad alguna de ofrecer una explicación racional del hecho. La comunión del espíritu se respeta, se abraza, se disfruta, se expresa, se celebra.

El muchacho acaba de sacar su disco 11. En título, en número, en creación. En nuestro país, ya no queda más por decir. Todo lo que viene será una reiteración con distinto ropaje, con la misma devoción de siempre, más el comprensible entusiasmo de lo nuevo. Si nos propusiéramos a hacer, públicamente, un ocurrente ejercicio de memoria y reconocimiento al azahar, de las innumerables canciones de su autoría, seguramente no nos sorprendería saber, cuantos tantos son los que saben, sin titubear, que a ese tema lo canta un tal, Abel Pintos.
 
El hijo de Susana y Raúl, debe ser el único en Argentina que hace sus shows en completa complicidad de su gente. No recuerdo haberlo visto pedir palmas, que se coree un estribillo, o avisar que se va a quedar mudo en una estrofa, para comprobar si la multitud tiene aprendida la letra. Nada de eso ocurre cómo un sketch de producción, todo es naturaleza del alma. He escuchado a periodistas comentar estos cuadros tan rutinarios ya, sin encontrarle explicación alguna. Y si hablamos de sus pares. Todos sienten una gran admiración por él. Y los pocos, que no, se muerden en silencio el escondido reconocimiento.

A todo esto. Hoy, con "el flaco" en México. ¿Cómo se explica que el público mexicano,  históricamente uno de los mayores consumidores de la música argentina, recién ahora esté conociendo a Abel Pintos y su música, cuando tiene una discografía rica en éxitos que allá, sin temor a equivocarme, serían recibidos con el corazón abierto. Cuando de sus referentes, Cristian Castro grabó hace tres años "La Llave", y pasó hace dos años, aproximadamente por Primera Fila con la Oreja de Van Gogh, por ejemplo? A mí no me vengan con argumentos de andén, de esos que una vez que el tren pasa, no sirven para nada. Aquí, algo está pasando. Y no de ahora, sino desde hace tiempo. ¿Cómo puede ser que, artista internacional que lo conoce y escucha sus canciones, quiere cantar con él, lo invitan a sus conciertos, asisten a los suyos, perooo, no ingresa al mercado internacional cómo lo grande que es?.. Sospecho quienes son los responsables, pero no abriré juicio sin tener las pruebas que lo demuestren, no es ético, ni tampoco sería responsable lanzar nombres. Pero, algo de toda esta historia que, si bien no es mía, ni tengo nada que ver en la cuestión de su sembrado, no cierra. Las ganas de escribir esto, fue producto de estar impaciente por ver a Abel, peleando los podios del mundo de la música, con tanto talento sobre el lomo y tanta buena luz de "buena gente" como ofrenda. A este argentino lo quiero aplaudido por otros. Hace mucho tiempo que no nos admiran a  viva voz. Hace mucho.


                                                                                                                                                                                                                                                Juan C Fernández

 


      
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